Negreanu y su fórmula para ganar el POY de la WSOP
El canadiense sigue compitiendo al más alto nivel, y en su podcast reveló que apunta a ser el Jugador del Año con una táctica especial para mantenerse motivado.
El poker no es solo un juego de cartas. Para quienes lo practican de manera constante, termina convirtiéndose en una especie de espejo. Cada vez que te sientas en una mesa, tus emociones, tus formas de pensar, tu personalidad y tu historia aparecen de una u otra manera. Y no solo eso, también tiene la capacidad de potenciar lo mejor de ti, si sabes aprovecharlo.
Phil Galfond , uno de los jugadores más respetados de la última década, lo resume de forma clara: «El poker no cambia a las personas, simplemente las muestra tal como son». La mayoría de las veces, no somos conscientes de que nuestras decisiones en la mesa están cargadas de las mismas emociones que nos acompañan en la vida diaria.
Si eres impaciente, te va a costar foldear. Si te frustras fácilmente, la varianza te va a golpear más fuerte. Si te paraliza el miedo a perder, no vas a explotar oportunidades claras para ganar. Si eres avaro, probablemente te cueste arriesgar, incluso cuando la situación lo demande.
Y así como el poker te desnuda en los peores momentos, también deja ver lo mejor. Jugadores disciplinados, analíticos y con control emocional logran trasladar esas virtudes a su estrategia, ganando muchas veces no solo por saber de poker, sino por saberse manejar a sí mismos.
La gran ventaja es que este juego te da, una y otra vez, la oportunidad de trabajar esas áreas. Elliot Roe , coach mental de jugadores como Fedor Holz
, sostiene que el poker es una de las mejores escuelas de resiliencia. «No puedes evitar las malas rachas, pero sí elegir cómo reaccionar a ellas. Esa es una lección que trasciende las mesas», dice Roe.
Cada mala sesión, cada bad beat, cada burbuja pinchada es una posibilidad de entrenar tu mente. No es solo sobre poker, es sobre desarrollar paciencia, tolerancia, autocontrol y, sobre todo, fortaleza mental.
Phil Galfond: «El poker no cambia a las personas, simplemente las muestra tal como son».
Esta relación no es de una sola vía. Lo que aprendas jugando también te sirve afuera. Quien aprende a convivir con la varianza, tolera mejor los altibajos de la vida. Quien desarrolla paciencia en las mesas, probablemente tomará decisiones más inteligentes en su día a día.
El poker enseña a aceptar que no todo depende de ti, que puedes hacer todo bien y aun así perder, y que el camino correcto no siempre trae resultados inmediatos. Y eso, aplicado a la vida, es un superpoder.
El poker es un reflejo, pero también es un potenciador. Te muestra quién eres y te da la oportunidad de crecer. No todos quieren mirarse en ese espejo, pero quienes lo hacen, suelen salir fortalecidos.
Al final, como dice Galfond: «Los jugadores que logran mejorar no son solo los que estudian poker, sino los que se conocen mejor a sí mismos».