A Negreanu no se le dio en un torneo pero ya está en otra mesa final
El canadiense quedó tercero en el Evento #8 pero ya está en otra mesa final para competir por un título.
Convertirse en un jugador de poker profesional que aparece en TV sentado en mesas con grandes cantidades de dinero y viajando para disputar los mejores torneos del mundo es el sueño de muchos, pero la realidad es que el camino es largo y cuanto más uno se adentra en él, pareciera que la realidad es otra y aquello queda en una especie de «sueño americano».
Los primeros pasos que se dan en el poker siempre son a manera recreacional jugando en partidas caseras, conociendo las salas por Internet y comenzando a reconocer algunas figuras del entorno mundial. Sin embargo, a medida que va pasando el tiempo y se le agarra el gusto, este juego comienza a consumir mayor tiempo en la vida de muchos y si han tenido buenos resultados, aún más. La pregunta de «¿Y si me dedico a esto?» comienza a retumbar con fuerza en la cabeza haciendo soñar despierto y sacando cuentas de las cantidades de dinero que podrían hacer para dejar ese trabajo o escuela que son tan aburridos.
El caso cierto es que entre llegar a vivir al 100% del poker y ser un jugador recreacional existe un gran número de personas, por no decir la mayoría, que deben alternar el tiempo que le dedican a las cartas con otras actividades para poder subsistir. Jugador semiprofesional es el término que se le da a este raro híbrido entre grinder y ciudadano común, aquel que ha entendido que el poker necesita cierto nivel de dedicación y estudio para lograr ingresos constantes pero no lo suficiente para dejar el trabajo o mantener el nivel de vida que tiene actualmente.
Este tipo de jugador se enfrenta a muchas complicaciones en el día a día. El más difícil quizás es explicar a su entorno el tiempo que necesitas dedicarle a las mesas para que la actividad sea rentable restando horas a las otras fuentes de ingresos prioritarias.
Debe levantarse todos los días a trabajar pero pensando en poker. Al terminar la jornada laboral, ya cansado, en casa hay que atender los asuntos familiares y además sacar el tiempo para poder dedicarle a las mesas.
Pero aún más complicado, ese tiempo restante no puede ser solo para jugar sino para revisar manos y estudiar. Al final del día se va a la cama contento o triste, según el resultado, para acostarse y seguir soñando con el poker.